Son esas pequeñas cosas las que hacen que tu día pueda llegar a ser maravilloso o que lo quieras olvidar tan rápido como te fuera posible, llevamos un mes y medio más de lo que se esperaba, cambios y cambios, viejos fantasmas y nuevas caras que te ilusionan, repetir acciones del pasado e ir haciendo cruces a la lista de cosas por hacer, retomar estudios y regresar a aquellos lugares mágicos. Pensar como seria mi vida a tu lado y darme cuenta que no podría estar mucho tiempo porque apenas se nada de ti y mi vida ya esta proyectada, posiblemente sea egoísta, pero ya estoy mayor para cambiar de idea, y poco a poco aquí en Zaragoza voy asentando mi vida, tal como la tenia en Madrid, de cañas y paseos, de series y estudios, de sueños y realidades, volviendo a lo que fui, buscando lo que seré, y entre tanto y tanto leo esto y me encanta:
¿No te parece bueno un pacto entre nosotros,
que, ante cada mirada curiosa de los otros,
un acuerdo cerrado, tan tácito y fingido
nos disimule un poco todo lo que ha ocurrido?
Es muy simple, te explico: tu pasas a mi lado
y yo muy distraído -turista equivocado-
finjo mirar la noche recién nacida en una
observación perdida, más me extasío en la luna;
hago que no te veo, que una amnesia terrible
me va librando acaso del cargo ineludible
de quererte y los años, irremediablemente,
hubieran borroneado tu recuerdo en mi frente.
Es fácil ese asunto de mentirse de a ratos,
es como andar descalzos sin perder los zapatos,
es vestir elegantes soportando el veneno
del corazón desnudo, sin reparo, al sereno.
Es el viejo recurso: la mentira piadosa,
ésa que duele tanto, que marchita la rosa,
el gesto camuflado, la palabra certera
que lo disfraza todo, hasta la primavera.
Cumplamos mutuamente la cruel coreografía:
dos extraños que pasan… no es mala idea la mía…
no hay odio, no hay, siquiera, ni un mísero recuerdo,
si surge una palabra… me la guardo, la muerdo.
Hipócritas, formales, ¡nunca nos conocimos,
o no éramos nosotros! –o tal vez nos perdimos-;
jamás te escribí nada, ni jamás lo leíste,
tu voz nunca he escuchado, más mi sombra no existe.
¿Probamos? ¿Te parece? Vos ahorrás la amargura,
yo aguanto lo que siento como una daga oscura.
vos te quedás callada, sufrís por otro loco,
yo enmudezco mi pecho… más me muero de a poco.
No hay comentarios:
Publicar un comentario